Los ahorros de la familia proveen un cojín para cosas imprevistas, o sirven para comprar alguna cosa “deseada.” En tal evento que los ingresos escaseen, algunas cosas se pueden vender para solventar lo más necesario. Por ejemplo: mis padres solían ahorrar y no gastaban más allá de sus medios. Yo aprendí que la familia trabaja en unión para poder acabalarse con lo que tiene. Si los ingresos se conservan y se usan bien, pueden alcanzar para pagar las cuentas e incluso ahorrar. En caso que haya alguna deuda, sólo se puede gastar en lo necesario. Cualquier uso de dinero más allá de lo necesario tiene que ser restringido hasta que haya un superávit (exceso).
En California, cuando el superávit alcance un buen nivel, el exceso puede ser reembolsado a los que pagan impuestos. El Gobierno debe ser responsable y rendir cuentas al pueblo que paga impuestos. Sin embargo, la mayoría de los que pagan impuestos han aprendido y han aceptado la deuda como un estilo de vida. Pero nosotros, el pueblo de California, tenemos la capacidad y la libertad de escoger. Podemos escoger no extendernos demasiado a nivel personal, familiar, y estatal.
Recientemente asistí a la Cumbre de Retiro de Renovación, en los Ángeles, donde conocí un consejero de finanzas, quien indicó que mucha gente que le consulta sobre finanzas, no están dispuestos a dejar sus teléfonos celulares, servicios de cable, o el costoso café, aún cuando la perdida de sus casas era eminente. Yo me quedé pasmado. Me di cuenta de que yo vivo de acuerdo a otras normas y prioridades.
En un nivel más práctico, las agencias de servicios públicos, que tan sólo unos años atrás eran de tamaño razonable y estaban al alcance de la gente, han crecido y se han sobre extendido; estas hoy deben reajustarse para que sus “beneficios” estén al alcance de la gente que hace posible su existencia a través de impuestos. Muchos de los servicios provistos por agencias públicas deberían ser vueltos a los de empresarios particulares. De ser así, sería razonable esperar que si el gobierno estuviese ofreciendo menos servicios públicos, necesitaría menos para dinero funcionar. Los impuestos podrían así ser reducidos.
Está claro que California no puede continuar gastando más de lo que recibe, ni los californianos pueden pagar tal deuda a través de aumento de impuestos, bonos, o “amillaramientos creativos”. Es necesario apretar el “cinto fiscal” de California.
Ahora bien, tratemos el asunto de la integridad y la moral. Muchos legisladores saben de algunas de las preocupaciones aquí expresadas. No obstante, existe un fracaso general en corregir el problema. Algunos dicen que es mucho trabajo para intentar cambiar el curso de tales cosas. El presidente Harry S. Truman dijo: “Si se te hace muy caliente en la cocina, sale.” Otros dicen que las cosa han ido demasiado lejos y es muy tarde. Mi respuesta a esto es que si usted no puede desempeñar su cargo, a usted no se le debe pagar; haga lo honorable y renuncie a su puesto. Reitero, esto es un problema moral. Otros dicen que hacer los cambios apropiados no sería lo más popular o sería contrario a los dictados de su partido político. Yo digo que si el funcionario electo tiene que escoger, necesita ser responsable al pueblo y no al partido al que pertenece. Esto requiere integridad y fibra moral. Ciertamente usted ya sabe mi postura con respecto a la decisión relativa de servir al pueblo y el decir: "debo hacer lo que sea necesario para ser reelegido." |